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Hay una escena que se repite en muchas personas que han migrado. Alguien lleva años fuera de su país. Trabaja, se defiende en otro idioma, incluso piensa en él. Un día le preguntan cómo está, en esa lengua aprendida, y responde que bien. Y es verdad, a medias. Esa misma noche habla con su madre por teléfono; ella le pregunta lo mismo, con las palabras de siempre, y algo se rompe. Ahí sí aparece el llanto. Algo implosiona.

No es que mintiera la primera vez. Es que hay cosas que solo pueden decirse en la lengua que nos atraviesa el cuerpo desde niños.

Lo que se pierde cuando uno se va

Cuando hablamos de duelo migratorio solemos pensar en lo evidente: la familia, los amigos, la casa, el clima, la comida. Todo eso se pierde, o al menos se aleja. Pero hay pérdidas más silenciosas: cosas que no viajan en la maleta.

Se pierde el lugar que uno ocupaba en una red de miradas: quién eras para los demás, cómo te nombraban, qué se esperaba de ti. Se pierden los chistes que nadie más entiende, los gestos que no hay que explicar. Y se pierde, sobre todo, la evidencia de la propia lengua: esa sensación de que las palabras te sostienen sin que tengas que pensar en ellas.

Quien migra aprende pronto a traducirse. ¿O a reinterpretarse? Ajusta el tono, recorta las frases, busca la palabra correcta antes de hablar. Es una habilidad valiosa, y también agotadora. Uno se vuelve un poco más correcto y un poco menos uno mismo.

En el fondo, uno se vuelve un poco más del mundo y un poco menos de lo que era. Un paréntesis de vida al que volveremos más adelante.

Por ahora, paramos acá.

Benigno Ávila es psicólogo con formación psicoanalítica. Atiende online, en español, a personas migrantes en Europa y a venezolanos en cualquier lugar del mundo.

Este texto tiene carácter divulgativo y no sustituye una consulta individual. Más información en el descargo de responsabilidad.

Venezolano, nacido en Caracas. Psicólogo con formación psicoanalítica: licenciado en Psicología por la Universidad Central de Venezuela (2011) y formado en la Nueva Escuela Lacaniana de Caracas (2016). Vive en Amberes (Bélgica) y atiende online, en español, a personas migrantes en Europa y a venezolanos en cualquier lugar del mundo. Habla inglés e italiano con fluidez y, además de psicólogo, es cantante lírico, formado en la Escuela de Música Juan Manuel Olivares de Caracas.

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